
Nunca pensé que me pasaría esto. Yo, que no creía en la lectura, que nunca creí en los cuentos de hadas ni en príncipes encantados. Yo, que me mantenía alejada de todo aquello que me pudiera hacer soñar. Aquello en lo que podía refujiarme, en lo que poder soltar mis pensamientos. Pensamientos que nunca pensé que tendría. Yo, la ramera de mi clan. La que la fantasía le parecía una tontería, aquello en lo que creer y poder soñar. Alejada de toda clase de historia romántica. De toda historia que pudiera hacerme creer que la vida era sólo lo que vemos. Que las novelas eran sólo para fracasados que no sabían disfrutar de la vida, y no me refiero exactamente a leer, ni estudiar. Yo, la que no sabe decir no. La que miente por miedo a creer su propia mentira. Por miedo a pensar en la verdad y creer en ella. La que no cree en sus propias posibilidades. Ésa misma, la loca que parece no tener sentimientos y finge no tenerlos, cree que no siente lo que ve. Ve que todo podría ser mejor y no es exactamente una vida tranquila. Una vida de rastreros. La que cree que la vida está para gastar el tiempo de forma acelerada. La que piensa que sin fiesta no hay vida. Que sin amor se puede vivir. Sin miedo a lo que digan los demás. Sin miedo a saltarse las reglas. A llegar cuando el sol asoma. A salir cuando la noche está mucho mas cerrada que otras noches. A mojarse y respirar el peor aire de la vida, de la noche, del dia... Con mucho miedo al compromiso y a saber reconocer la propia verdad. Yo, la que no cree que alquien la pueda querer por la falta de inseguridad. Por no confiar en que puede hacerlo mejor. Por no creer en ella misma y por supuesto en nadie más. Yo, la egoísta que carede de picardía para reconocer sus errores. Con mucho miedo al fracaso, ya que conlleva al escándalo, al escenario de un espectáculo y después la vergüenza, el arrepentimiento. A la que le gusta poner puntos suspensivos, demasiados ejemplos para no quedar bien claras las cosas con la teoría. Por no saber explicar lo que siento. Por no saber decir las cosas como son. Por rabia. Por impotencia, orgullo. Por egoísta y por incomprensible. Yo. La chica dura de películas de miedo. La que tiene pesadillas. A la que dice no gustarle una historia de amor y luego llora por cada esquina que ve si todo sale como se ve desde el principio de la película: ''el príncipe salva a la princesa o como en este caso, la princesa rescata al príncipe. O mucho mejor explicado, la humana salva al vampiro, arregla los problemas con el licántropo y salva su propia vida. Yo, la que no comprende que pueda llegar a gustar algo que no existe. Algo que con sólo palabras pueda llegar a imaginarse de tal manera, que parezca real.
Yo. Yo y sólo Yo. Es imposible que alguien pueda confiar en mí. Imposible que alguien me puedad llegar a querer. Imposible que alguien pueda considerarme algo grande. Imposible que se puedan enamorar de mí. Imposible que confíen en mí. Y mucho menos que algo me pueda salir bien.
Quizás no haya nada de malo en creer en los libros. Dejarse llevar por la imaginación que me impregnan las novelas de amor. Experimentar mundos diferentes, y de forma diferente, al que vemos siempre. Ser capaz de ver más allá de la mirada de alquien, o simplemente confiar en lo que no se ve.
Nunca una historia de amor y muchos complementos juntos, me habían hecho sentir de ésta manera. Adentrarme tanto en algo que se, desde la primera hasta la última palabra de la novela, que es imaginario, y que todo ocurre en mi mente. Que todo se quedará entre las frases escritas y yo. Yo, que un libro con más de 200 páginas siempre me asustó. Nunca me creí capaz de terminar un libro con tanta energía y con ganas de volver a retomar la historia. A pesar de la shoras, de la madrugada, a pesar de no dormir demasiado.
Mi corazón quiere salir para mostrarme todo y mis lágrimas luchan por salir todas juntas. ''QUÉDATE CONMIGO. '' Veamos juntos el CREPÚSCULO, cantándole a la LUNA NUEVA y llorando en el ECLIPSE hasta el AMANECER.