Es como la
sensación de estar enamorada de un vestido de novia, de tu vestido de novia.
Vas en busca de
algo que no has visto, pero que sin
querer, tienes en mente. Te paseas por cien mil tiendas, buscando algo que ni
tú misma sabes qué es. Hasta que de repente, en el lugar más inesperado, te lo
ponen delante de ti. Se acumulan una inmensidad de sentimientos que no sabes
cómo solucionar. Quizás, incluso, el sentimiento de no gustarte para nada, que
por nada del mundo te pondrías eso. Y sigues buscando. Pero a partir de ahora,
sin ni siquiera saberlo, lo buscas a él. Busca volver a tener esa sensación, de
volver a verlo, de volver a probártelo y verte lo más rara y hermosa del mundo.
Y llega el
momento de preguntarse, ¿para qué más vueltas, si lo que busco lo tengo
delante? Seguro que cuesta un poco adaptarse, seguro que necesitas unos arreglos,
seguro que necesita unos complementos, pero la sensación está ahí. Unos
zapatos, unos pendientes, una elegante diadema en un ligero peinado y un
sencillo maquillaje que durará el tiempo que tenga que durar, pero que causará
la más bonita de las sonrisas que se puedan imaginar.
Y luego llega la
mejor sensación, las ganas de probártelo constantemente, de verlo, de buscar
las posibilidades para que todo salga lo mejor posible. Desde el momento que lo
ves, te lo pruebas pero aún no te lo puedes llevar a casa. Pasa algún tiempo
hasta que lo tengas en tu cuarto, y mientras tanto sueñas cada noche con él, en
cómo te quedará finalmente, en la sensación que causará cuando lo vea la
persona más importante para ti, tu futura familia, tu familia… Y a pesar de
todo ello, no abandonas la satisfacción de saber que algún día estará, lo
tendrás en tu habitación, en cada amanecer, en cada madrugada. Esperando ahora
a ponértelo en el día más importante de tu vida, en el cual te sientes la mujer
más afortunada de la tierra, luciendo la mejor de las sonrisas porque ya lo
tienes a tu lado diciéndote lo guapa que eres, pero lo realmente guapa que
estás ese día. Sólo eso…
Pues sí, que no
acabe nunca esa sensación, la misma sensación que tienes cuando lo ves por
primera vez, cuando sabes que está pero no puedes verlo, no puedes tocarlo… y
que sabes que, quizás, él tenga la misma sensación que tú.