miércoles, 19 de enero de 2011

TE QUIERO



La facilidad para decir las palabras más difíciles. La sencillez con la que las decimos hace que parezcan que no tienen valor. Hace que el día a día sea simplemente eso, el día a día. Cuando las dices por mensajes, a gritos, bajito al oído, a través de un vídeo, de una foto, en un papel, en una canción… Son palabras difíciles que las hacemos rutinarias, pierden valor y cuando se dicen de verdad, no le damos importancia. Son esas palabras las que me hacen pensar en medio de una conversación, al final de una frase o en una simple despedida, si debo decirlas o no. Si es mejor esperar y cuando las diga sea demasiado tarde. Callarme y cuando las quiera decir no pueda porque se esfumaron.

Son las palabras más bonitas y cortas que puedas imaginar. Pero como todo, tienen su parte oscura: cuando las dices una vez, es difícil rectificarlas. Cuando las susurras, es difícil no escucharlas. Cuando las escribes, es difícil olvidarlas. Cuando las cantas, son muy pegadizas. Cuando las gritas, es difícil que no las escuchen los demás. Pero cuando las dices mirando a los ojos de la otra persona, se clavan muy dentro y es aún más difícil sacarlas, no escucharlas, olvidarlas y no decir nada. Claro que cuando te las dicen así, te sientes la persona más afortunada de la tierra. Se te olvida el resto del mundo y tu sonrisa brilla más que nunca. Y aunque digan lo contrario, quieres más…

No hay comentarios: