
A veces creemos que es un juego y que debemos ganar por encima de todo. Pero no siempre se puede ganar. Puedes retirarte a tiempo para no perder demasiado o puedes ser valiente y acabar, aunque arriesgar no significa que siempre hay que ganar. Y es que está muy claro que si no arriesgas, nunca ganarás, pero si arriesgas, tienes la posibilidad de ganar. El problema está cuando arriesgas demasiado, sin conocimiento y sin control. Ahí es cuando te das cuenta que no mereció la pena seguir jugando y que deberías haberte retirado a tiempo. Aunque en realidad, esto sólo lo piensas cuando vas perdiendo, pero si por el contrario vas ganando, se te olvida todo lo que te pensaste antes de empezar a jugar, todo lo que tuviste que poner en la balanza antes de apostar por nada. Es cuando ganamos cuando nos da igual todo lo que hayamos sufrido, todo lo que hayamos dudado o incluso si en algún momento hayamos querido retirarnos. Nos sentimos eufóricos y nos vemos ganadores. Pero no. Sólo vamos ganando y seguro que queda mucho juego todavía. Entonces es cuando empezamos a decaer y volvemos a perder, y se nos vuelven a olvidar los buenos momentos que hemos pasado cuando íbamos ganando.
Si en este momento dejas de jugar, te quedarás con la duda de que podrías volver a triunfar. Pero si sigues jugando tienes que ser consciente de que en cualquier momento puede acabar el juego y haber perdido. También tienes que ser consciente de que seguro que hay más de un jugador y que puedes hacerles perder o ganar. Si eres buen jugador, seguro que te diviertes y no te importa perder en algún momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario